el diario de mariapilar <$BlogRSDURL$>

agosto 26, 2004

Reflexiones de agosto 

Me sorprende que aún sigan ahí, sobretodo después de haberlos mandado a todos a cagar. Seguro que más de uno no vuelve.
Me han ocurrido una serie de acontecimientos (laberintos cotideanos, burocracias, pequeñeces ante el maravilloso y vasto universo en el cual estamos inmersos...) que se han resuelto por suerte para bien y felizmente han dejado un saldo positivo: la experiencia.
Hace unas semanas atrás me era imposible tomar decisiones. Tan pronto avisoraba un camino, surgía otro más alla y este de más acá que capaz que también... A dónde iría a parar? Qué debía hacer? Si de algo me han servido estos acontecimientos, vacunas quizá de otras cosas peores, es para descartar esos caminos tortuosos, engañosos, que pueden aparecer haciéndonos perder nuestro objetivo.
Cuando llegué me decían que lo más importante era hacer cualquier cosa, lo que fuera para no deprimirse. Algo muy difundido entre los que se vienen. Por momentos estoy de acuerdo, otras veces no.
No quiero perder de vista las razones que me hicieron llegar aquí, ya que sería perderme de vista a mí misma. No fue el sueño europeo, o si? No fue una identidad perdida con la cual tampoco me identifico, o si? Entonces, para qué era que vine? De repente reboot. Sistema operativo no responde. Pongamos las cosas en orden.
Sí, vine a buscar parte de mi identidad y de a poco, gracias a la idiosincrasia de la gente, el paisaje, la lectura, la historia particular del lugar, los cuentos populares, y hasta la gastronomía de la zona, estoy tomando y desechando lo que va conmigo. Sorpresa. Mi identidad no está aquí. Tampoco está en el país que me vio nacer. Mi identidad soy yo, va conmigo a donde yo vaya. Toma forma y se moldea según sus experiencias, gustos y voluntades. Algo que ahora parece obvio no lo sentía así antes. Antes sentía que la vida me debía algo, parte de mi historia, un desarraigo. Una menos.
El sueño europeo... Esa gran y obsoleta mentira. Me niego a convertirme en un subproducto del norte globalizado. O quizá ya sea demasiado tarde. ¿Porqué debería yo hacer lo que el europeo no quiere hacer si soy consciente que lo que yo sé hacer lo hago mejor que muchos de ellos? Y por otro lado: ¿qué derecho tengo yo de competir con los locales? Aquello que decimos de pagar derecho de piso, ¿o hipoteca del subdesarrollo? Irresoluble por el momento.
Entonces, ¿para qué vine? Ah si: "Para seguir creciendo y desarrollándome como ser humano y en lo posible también profesionalmente, abrir la cabeza, conocer el mundo que me rodea y salir del cascarón y el aislamiento del sur..." Políticamente correcto, pero a veces me suena a verso. Dejémonos de mentiras. Creo que estaba intentando escapar de algo. Algo de lo cual no existe escapatoria. Sur y Norte estamos condenados a las mismas penas. Unos por poco, otros por demasiado pero las mismas miserias humanas al fin. ¿Tan lejos tenía que ir para llegar a esta conclusión infame? Puede que sí, pero también ya lo sabía de antes. Era solo confirmarlo.
Ahora que estoy acá no quisiera volver sin morder un poco más de esta fruta. La opción políticamente correcta tampoco me suena tan hipócrita luego de tanto darle vueltas a la cabeza. Creo que quiero seguir buscando mi lugar en el mundo, conocer realidades, gentes, historias, desde adentro. Que los problemas que afectan a los de aquí también me afecten a mí. No quiero ser turista. No al menos de esos que van por el mundo consumiendo lugares y gentes, devorando fachadas arquitectónicas, gastronomías y paseos marítimos para volver con un recuerdito, a ponerlo en la estantería del living como un trofeo carente de alma, carente de realidad, carente de contenido.
¿Quien sabe? Quizá encuentre un lugar, un rinconcito, un pedacito de terreno donde seguir creciendo y agrandando el corazón.